No sabes cuanto te echo de menos, cuanta falta me sigues haciendo cada día, que triste recordarte porque ya no estas, como duele buscarte al entrar en casa y no encontrarte.
Que extraño, oír a la persona que mas te quiso decir... “Si con el pensamiento, viniera...estaría conmigo todo el día”....que triste a la vez que bonito, cuanto te echa de menos...
Y disimular que ya no duele para que los demás no se vengan abajo, animar cuando lo único que apetece es llorar porque ya no estas.
Lo se, se que estas aquí, y que me cuidas, que miras por mi como siempre has hecho, que sigues mis pasos y que nunca me vas a dejar sola, pero te echo tanto de menos en mi día a día, en los momentos especiales que siempre he compartido contigo, en cada fiesta, en cada tristeza...
Y que nunca te halla dicho lo mucho que te quiero....pero creo que eso lo sabias igual que yo siempre lo he sabido con una mirada bastaba y con esa sonrisa picara que a veces compartíamos ya estaba todo dicho y las palabras estaban de mas.

No quiero perderte, no te vayas nunca, quédate siempre a mi lado, como siempre has estado desde que nací, has sido mi maestro en multitud de ocasiones, me enseñaste el valor de cada cosa.
ResponderEliminarEsas noches frente al reloj, enseñándome las horas, esas tardes en las que en vez de jugar me enseñaste lo importante que es trabajar las cosas para luego obtener frutos y poder vivir de ello, y hay que mirar las lunas! me decías con ímpetu, y vamos a trenzar bien las cuerdas para que luego no tengamos un disgusto y si necesitas atar algo no se escape!
Quizás tuve que madurar demasiado pronto, y la niña dejo de ser tan niña de la noche a la mañana, pero agradecida estoy, y en tus ojos vi con orgullo el día que me llamaste, en diez minutos me tenias a tu lado, y orgulloso viste como el fruto de tu trabajo daba resultados y lo que habías enseñado no fue en vano, aprendí de ti, que mejor maestro, para mi un padre mas que un abuelo.
Las veces que me has defendido y has puesto la mano en el fuego por mi, siempre has confiando con fe ciega y el corazón en la mano, ahora soy yo la que te pide que confíes pero en ti mismo, y sigas luchando, porque yo te necesito, me falta mucho por aprender.